EL EVANGELIO DEL DÍA: “¿QUIERES CURARTE?” (JN 5,6) LIBRO DE EZEQUIEL 47,1-9.12. Un ángel me llevó a la entrada de la Casa, y v...
EL EVANGELIO DEL DÍA:
Luego me sacó por
el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la vuelta por un camino
exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente. Allí vi que el
agua fluía por el costado derecho.
Cuando el hombre
salió hacia el este, tenía una cuerda en la mano. Midió quinientos metros y me
hizo caminar a través del agua, que me llegó a los tobillos.
Midió otros
quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a las
rodillas. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua,
que me llegó a la cintura.
Luego midió otros
quinientos metros, y ya era un torrente que no pude atravesar, porque el agua
había crecido: era un agua donde había que nadar, un torrente intransitable.
El hombre me
dijo: "¿Has visto, hijo de hombre?", y me hizo volver a la orilla del
torrente.
Al volver, vi que
a la orilla del torrente, de uno y otro lado, había una inmensa arboleda.
Entonces me dijo:
"Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y van
a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar, para que sus aguas sean
saneadas.
Hasta donde
llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el
suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar,
sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas parte adonde llegue el
torrente.
Al borde del
torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las
especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los
meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos
servirán de alimento y sus hojas de remedio".
Por eso no
tememos, aunque la tierra se conmueva y las montañas se desplomen hasta el
fondo del mar.
Los canales del
Río alegran la Ciudad de Dios, la más santa Morada del Altísimo.
El Señor está en
medio de ella: nunca vacilará; él la socorrerá al despuntar la aurora.
El Señor de los
ejércitos está con nosotros, nuestro baluarte es el Dios de Jacob.
Vengan a contemplar
las obras del Señor, Él hace cosas admirables en la tierra.
Junto a la puerta
de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que
tiene cinco pórticos.
Bajo estos
pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que
esperaban la agitación del agua.
[Porque el Angel
del Señor descendía cada tanto a la piscina y movía el agua. El primero que
entraba en la piscina, después que el agua se agitaba, quedaba curado,
cualquiera fuera su mal.]
Había allí un
hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años.
Al verlo tendido,
y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó:
"¿Quieres curarte?".
El respondió:
"Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua
comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes".
Jesús le dijo:
"Levántate, toma tu camilla y camina".
En seguida el
hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado, y los judíos
dijeron entonces al que acababa de ser curado: "Es sábado. No te está
permitido llevar tu camilla".
Él les respondió:
"El que me curó me dijo: 'Toma tu camilla y camina'".
Ellos le
preguntaron: "¿Quién es ese hombre que te dijo: 'Toma tu camilla y
camina?'".
Pero el enfermo
lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí.
Después, Jesús lo
encontró en el Templo y le dijo: "Has sido curado; no vuelvas a pecar, de
lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía".
El hombre fue a
decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado.
Ellos atacaban a
Jesús, porque hacía esas cosas en sábado.
EXTRAÍDO DE LA BIBLIA: LIBRO DEL PUEBLO DE DIOS.
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